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IR/PS in the News : Colombian Press "La reforma política, paso crucial" POR MATTHEW SHUGART Una defensa de la reforma política aprobada por el Congreso: la ventaja del sistema de lista única con voto preferente es que los políticos con caudal electoral propio tienen mayor incentivo para permanecer en sus partidos
Los críticos de la reforma alegan que preserva -o aun empeora- los aspectos más censurables de la política: las microempresas electorales y la operación avispa. El elemento más controversial de la reforma, y el que recibió mayores críticas del Gobierno, es el del voto preferente opcional. Según sus críticos, implica la continuación de la competencia entre los distintos candidatos de un mismo partido y, por ende, perpetúa las campañas electorales personalistas que debilitan a los partidos. Esta visión pesimista exagera el grado de personalismo que generaría el voto preferente, en comparación con el sistema actual, que permite a los partidos presentar un número ilimitado de listas, de las cuales muy pocas sacan más de un candidato. Esta práctica crea un nivel muy alto de personalismo, pues los candidatos que lanzan sus propias listas están más interesados en su microempresa electoral que en su partido. Por ejemplo, para la elección de 2002, el Partido Liberal presentó 148 listas al Senado, para 100 curules (sin contar las circunscripciones especiales), y obtuvo 28 escaños ganados por candidatos que encabezaban 28 listas distintas. Como muchos votos liberales fueron depositados por listas que no alcanzaron curules, el partido quedó sub-representado en el Senado, a pesar de haber tenido la mayor votación, con más del 30% del total de votos. Increíblemente, los liberales tenían otras seis listas que no alcanzaron curules por apenas 2,112 votos (cerca del 0,02% del total) o menos. En otras palabras, con una redistribución muy pequeña de votos entre las listas del partido, los liberales habrían ganado 35 curules, no sólo 28, con el mismo 30% de la votación. En el pasado, el Partido Liberal ha sido mucho más efectivo en la distribución de votos entre sus listas, y ha estado sobre-representado.
La segunda fuerza política, el Partido Conservador, obtuvo 13 curules con poco menos del 10% de los votos. Es decir, quedó sobre-representado porque fue más eficiente en la distribución de votos entre sus listas. Dos ejemplos más ilustran la falta de equidad del sistema actual: dos movimientos tuvieron cada uno cerca de 56.000 votos, pero sólo uno logró representación en el Senado. El Movimiento Político Comunal dividió sus votos entre seis listas y no obtuvo curul alguna, mientras que Sí Colombia dividió su votación, ligeramente mayor, en tres listas, de las cuales una ganó un escaño. Esto muestra que el sistema electoral vigente no recompensa a los partidos o movimientos por su popularidad general, sino que favorece a los que tienen maquinarias electorales eficientes. La competencia intrapartidista en el actual sistema hace que el clientelismo sea, de lejos, la manera más efectiva de cultivar los votos. Los partidos o movimientos pueden predecir la distribución de la votación entre sus distintas listas, lo que está garantizado por la cercana relación entre político y votante. Sin una adecuada distribución de los votantes entre sus listas, un partido o movimiento desperdicia votos y pierde escaños que podría ganar si repartiera mejor los votos. Es un problema especialmente grave para los partidos que buscan fortalecerse con el voto de opinión y no con el clientelismo, tal como lo demostró el M-19 después de 1994. Con una lista única, el problema desaparece, pues el voto por un candidato de la lista ayuda a incrementar el número de curules por la lista en su conjunto. Desaparece el riesgo de perder escaños por una distribución inadecuada de los votos entre los candidatos de un mismo partido.
La ventaja del sistema de lista abierta (con voto preferente) es que los políticos con caudal electoral propio tienen mayor incentivo para permanecer en sus partidos, pues sus propios votos preferentes podrían asegurarles representación bajo el paraguas de una organización política más amplia. Y mientras el clientelismo es la manera más efectiva de ganar votos para los partidos que están obligados a distribuir sus votos eficientemente entre varias listas, no es la única manera de obtener votos preferentes dentro de una lista única. Los partidos que buscan el voto de opinión podrían ahora presentar listas con candidatos que apelen a los matices de opinión dentro de su electorado, y ya no tienen que preocuparse por predecir cómo se distribuirán los votos entre sus candidatos. En otras palabras, el clientelismo no es la única manera de ganar votos preferentes. Quienes equiparan los votos preferentes dentro de listas únicas a la operación avispa del actual sistema, subestiman la importancia de poder agrupar votos al nivel de partido. Por lo tanto, la lista única con voto preferente genera un equilibrio entre los candidatos y las directivas partidistas, y reduce el riesgo de divisiones internas que podrían surgir del ejercicio del poder del bolígrafo de los jefes de las colectividades. La experiencia de Chile en 1958 ilustra esto. Cuando Chile tenía listas cerradas (sin voto preferente), surgió una proliferación de listas, como ocurre en Colombia hoy. Pero después de la adopción del voto preferente, el sistema partidista se volvió más racional, y los movimientos pasaron de presentar listas separadas a convertirse en tendencias dentro de listas más amplias, gracias a la posibilidad de obtener votos preferentes.
La cifra repartidora es un mecanismo que garantiza ganar todas las curules con un número similar de votos. Esto contrasta con el actual sistema, en el cual los escaños obtenidos con los últimos residuos de una determinada circunscripción, "cuestan" muchos menos votos que los logrados con mayores residuos o con cuocientes. Con una reglamentación posterior, podría aplicarse el mismo principio para la asignación de curules dentro de una lista, lo que garantiza que ninguna curul sea ganada con un número muy pequeño de votos preferentes. Así continuaría socavándose el poder de las microempresas electorales y clientelistas. Una ventaja adicional de aplicar la cifra repartidora dentro de las listas es que los votantes pueden delegar en las directivas del partido el orden de la lista, al renunciar a usar el voto preferente, y votar sólo por la lista. En este caso habrá más curules asignadas según el orden de los candidatos en la lista. Si hay más votos por candidatos específicos a través del voto preferente, se llenarán más escaños. De esta manera, la reforma permite un equilibrio entre listas abiertas y listas cerradas, aun en los partidos que conforman su lista con voto preferente.
Si el objetivo es fortalecer los partidos, es importante que la reforma logre varias cosas: Reducir los incentivos de los candidatos a buscar curules con un número muy reducido de votos, como sucede hoy; recompensar con más escaños a los partidos con muchos candidatos populares, en lugar de castigarlos con menos, en el evento en que no puedan predecir acertadamente la distribución de votos entre sus listas, tarea que hacen en forma efectiva los clientelistas en el actual sistema. Finalmente, debe evitarse una excesiva centralización de la autoridad en los partidos para impedir que el objetivo de la reforma sea neutralizado con incentivos para disidencias y fragmentaciones. Esto último constituye el riesgo de un sistema de lista única sin opción de voto preferente. Los colombianos deben sentirse orgullosos de la reforma aprobada. Las
reformas institucionales en sí mismas no son una panacea, pero
permiten racionalizar los partidos porque estimulan su habilidad para
actuar en forma colectiva. A su vez, una mejor acción colectiva
de los partidos puede incrementar la utilidad para los políticos
de hacer campañas basadas en asuntos de interés nacional.
Esto llevará a un Congreso más capaz de trabajar con el
Ejecutivo en políticas de bienestar general.n *PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA EN LA ESCUELA DE RELACIONES INTERNACIONALES Y ESTUDIOS DEL PACÍFICO, UNIVERSIDAD DE CALIFORNIA, SAN DIEGO. HA ESCRITO VARIOS ARTÍCULOS Y CAPÍTULOS DE LIBROS SOBRE POLÍTICA COLOMBIANA. HA VISITADO COLOMBIA EN NUMEROSAS OCASIONES EN LOS ÚLTIMOS 14 AÑOS Y FUE CONSULTOR DEL MINISTERIO DEL INTERIOR PARA LA REFORMA POLÍTICA EN 1999-2000.
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